Déjalo ir y será tuyo
para siempre pues solo
perdemos aquello a lo que nos aferramos.
La personalidad estable no descansa en la perfección moral
sino en la aceptación de nuestras actitudes reprimidas.
El conocimiento de nuestra sombra personal constituye el
requisito fundamental de cualquier acción responsable y, consecuentemente,
resulta imprescindible para tratar de atenuar la oscuridad moral del
mundo.
Cuantos más nos liberemos de los principios rígidos e
inmutables y cuanto más dispuestos nos hallemos a sacrificar la voluntad del
ego, más oportunidades tendremos de vernos conmovidos por algo superior al ego...






