El amor propio no tiene que ver con estar continuamente
alabándonos y diciéndonos lo fantásticos que somos, sino con querer al
verdadero yo, el yo humano; a la persona que tiene los pies de arcilla, a la que
le afectan las críticas y que a veces falla y decepciona a los demás. Tiene que
ver con mantener un compromiso personal para estar de nuestro lado aunque nadie
más lo esté.
No podemos amar al
prójimo como a nosotros mismos si no nos queremos primero.
Cuanto más nos queramos a nosotros mismos, más amor tendremos
para dárselos a otros, porque el amor crece exponencialmente...
