Hace muchos años
nació un pequeño faisán al que sus padres llamaron Iara.
Iara vivía entre
los pasadizos que habían creado generaciones previas en el fondo de un pozo,
junto con otros faisanes. Allí los días eran grises y las noches muy oscuras y
frías.
El plumaje de
Iara estaba inundado de colores. Cuando miraba a sus padres y a otros adultos
se sorprendía al contemplar cómo el resto tenían todo el cuerpo de color plata,
sin rastro del rojo, naranja, amarillo, verde, rosa, azul o violeta que
brotaban de ella...