"Siempre que enseñes; enseña también, a la vez, a dudar de lo que enseñas"
José Ortega y Gasset
Tras una última transfusión, Nazaret fue aumentando su capacidad pulmonar,
sus paseos, su función cardiaca. Se iba restableciendo la salud y armonía como
nunca tenía que haberse perdido. Y los fetos seguían vivos aunque no sabíamos
si quizá saldrían con 3 ojos y escamas, mutantes de tanta radiación y
fármacos. Saldríamos de dudas cuando
fuésemos a la cita de bienestar fetal 2 semanas después. A los 15 días se hizo
el alta, la carta de libertad. Por fin nos podíamos ir a casa, por cierto, sin
colocar el filtro de vena cava al final porque en la ecografía que hicieron
allí no vieron trombos en ninguna región venosa de los miembros inferiores.
Nazaret aún bastante cansada agradecía desde lo más íntimo de su
corazón con estas palabras:
Del amor, de nuestro amor se engendraron las
semillas en mi vientre.
Del amor, de todo el amor recibido por
vosotros, anidaron agarrándose a la vida.
Y por mucho que la tormenta hiciera de mí un
árbol torcido las nuevas ramas crecen buscando siempre la luz del sol...
