Imaginemos que todos hubiéramos nacido con con dos
termómetros de mercurio, de los antiguos, uno a cada mano. Y que esos
termómetros serían como los que sirven para conocer la temperatura, solamente
que estarían señalados con números del 1 al 10. Encima de esos termómetros,
para poder colgarlos y que cumplan su función habría dos nombres escritos, en
un termómetro se podría leer consciencia y en otro ego. Cuando nacemos los dos
están colocados en el nivel 10. Venimos a este mundo con la intención de vivir
la vida de forma ardiente, de escucharla y saborearla sin límites, y para ello
disponemos al nacer tanto de un ego sano como de una consciencia
perfecta.
Tener el nivel de consciencia al máximo significa que
somos totalmente conscientes de nuestra conexión con el universo y con todos y
todo lo que hay en él. Nacemos
conociendo nuestras más profundas necesidades y también las razones por las
que la vida en la tierra nos ha llamado y nos ha arrastrado a este reino
físico. Y en los primeros años de vida, todavía sentimos a nuestros seres
queridos que están en el reino no físico y oímos sus susurros en nuestros
corazones, guiándonos, rogándonos que no olvidemos quiénes somos y de dónde
hemos venido...

