"No existe ningún problema que no te aporte simultáneamente un don"
Richard Bach
Pocos días de la consulta en el hospital, Nazaret tuvo un
fuerte dolor en la zona del “mioma”. Le duró pocos segundos, pero la dejó engarrotada,
sin aire y sin poder moverse. Aquella imperfección en su cuerpo ya cicatrizado
desde el esternón al ombligo parecía querer crecer, sin respetar el periodo de
transición que necesitábamos. El respiro que anhelábamos. Nos concedió tardes
de cafés, disfraces ochentenos y despedidas victoriosas, junto con noches
de boda en la falda del mediterráneo. No le dimos más importancia hasta dos o
tres semanas después, en las cuales los dolores habían aumentado en frecuencia
y se palpaba el “mioma” más grande...





