"Solo la semilla que rompe su cáscara es capaz de atreverse a la aventura de la vida"
Khalil Gibran
Cuando estamos “dormidos” somos como una semilla. Su
interior rebosa de vida y de un potencial infinito, es el principio y el final
del ciclo. Sin la semilla no habría vida. Cuando está dormida, debajo de la
tierra, sólo ve oscuridad. No distingue colores, no ve la presencia de otras
formas de vida. Ni siquiera es consciente de que se puede convertir en la flor
más hermosa, el árbol más robusto o con los frutos más jugosos. Vive entre
escalas de grises, entre gusanos, lombrices y cucarachas...






