Después de un
año, que parece una centuria, comprendo lo efímero y lo eterno. Gracias a la
vida, gracias a la presencia que siempre me acompaña y que me abraza cuando
menos lo espero y más lo necesito.
Hoy hace un año
que supe lo efímera que es la carne, capaz de perder la vida en segundos. Y también
comprendí la grandeza de lo eterno, el alma que permanece siempre formando
parte del ciclo del universo, más viejo y sabio que nosotros...
