El lenguaje no solo describe sino que crea nuestra
realidad. Las palabras abren cajones emocionales de manera rápida y
automática.
El hecho de que el lenguaje tenga acceso a este mundo
emocional personal, íntimo e intransferible, tiene mucha lógica si entendemos que
todos usamos las palabras para interpretar lo que nos sucede.
El lenguaje es tan potente que basta que una persona
cambie, por ejemplo, la frase "esto es algo espantoso" por "
esto es un inconveniente" para que note, aunque sea ligeramente, un cambio
en su mundo emocional. Las palabras en apariencia son simples signos que se
corresponden con unos sonidos, pero en realidad son conexiones directas a mundo
emocionales personales, íntimos e intransferibles...
