"Cuando no hay odio dentro, no hay ningún enemigo fuera"
Proverbio hindú
Estábamos despidiéndonos del mes de Junio y Nazaret, aprovechando
que yo tenía guardia, decidió irse a su pueblo el fin de semana. Era la primera
vez que regresaba desde mediados de mayo, desde que empezó su transformación.
Estaba un poco más recuperada, llena de prana y olas que bañaban sus pulmones y
su corazón. Aún seguía necesitando la silla de ruedas, pero ella, siempre tan
autónoma, intentaba cambiar las ruedas por las alas de sus pies. Aprovecharía para volver al colegio donde trabajaba. Deseaba escuchar de nuevo las risas de sus pequeños, llamarlos por su nombre, abrazarlos, decirles que no los había abandonado, sino que estaba recuperando la inocencia que ellos, como maestros de todos nosotros, le enseñaron...
