"Cuestionar nuestras más arraigadas creencias requiere de mucho coraje porque implica aceptar que hemos podido estar equivocados toda la vida"
David Fischman
Este embarazo suponía el sueño de
su vida hecho realidad. Cuando ella fue consciente de su condición sexual, hace
15 años, su máxima preocupación versaba en la imposibilidad de ser madre (era
tan joven que no conocía la existencia de las nuevas técnicas de reproducción).
Con estos 2 retoños se ponía fin a los miedos pasados y las creencias
limitantes.
En la inmesa mayoría de
ocasiones no somos conscientes de las creencias limitantes que poseemos.
Algunas pueden ser tan simples como la que acabo de redactar de Nazaret. Esta
creencia es fácil de romper, y puede que hasta nos haga sonreir dicho
pensamiento al saber que está errado. Pero ella lo vivía como una realidad
desde el sufrimiento. Otras creencias limitantes no son tan fáciles de ver, ni
de romper con ellas porque se sitúan en lo más profundo de nuestro inconsciente, como por ejemplo:
no dejar un trabajo que no te gusta porque ahora con la crisis no vas a poder
cumplir tu sueño, creer que todas las personas tienen malas intenciones por
haber sufrido algún contratiempo con tus congéneres, la felicidad depende de alguien externo que te
ame, si no haces “esto” ocurrirá “aquello” (siempre una consecuencia negativa), no soy capaz de hacer esto porque soy muy torpe…
Y es que para transcenderlas lo primero
es ser consciente de que existen en nosotros y que no son más que programas
insertados en nuestra psique. El paso siguiente consistiría en estar dispuesto
a renunciar a la seguridad que que nos aporta el ego cuando trabaja en esos programas que ya conoce, dándonos una
falsa sensación de seguridad y control. Es fácil seguir en un trabajo que no te
gusta porque sabes hacerlo y cobras a fin de mes, al igual que también hay personas que
prefieren vivir mal acompañados que solos...