"Aquello que para la oruga se llama fin del mundo, para el resto del mundo se llama mariposa"
Lao-Tse
La enfermedad son bellos episodios de crisálida, donde la
oruga, en su transformación en mariposa, no sabe lo que le está pasando. A
través de éstos, podemos hacer un profundo inventario emocional o mental de
aquello que no está acorde con nuestra vida, de aquello disonante. Cuando nace
la oruga, tiene el impulso de de empezar a comer, de reptar, hasta que llega un
momento, el suyo, en el que necesita envolverse en sí misma y parar, dejar de
comer, de caminar, dejar los estímulos externos. No sabe lo que le está
ocurriendo, no es capaz de explicárselo, pero lo necesita y se deja llevar por
su corazón. Hasta que, después de un tiempo, siente de nuevo el impulso de
salir… y volar. De forma suave, dulce, tranquila, se produce su transformación.
No hay traumas, no hay dolor, no hay sufrimiento. Algo tan cotidiano y tan extraordinario…
